La inmigración se muda al campo


 

DIARIO PUBLICO DANIEL AYLLÓN – MADRID – 20/03/2010

Hay más extranjeros en localidades de menos de 50.000 habitantes que enlas grandes ciudades. El paro y el precio de la vivienda aceleran la mudanza.

La inmigración ha iniciado en España un éxodo progresivo desde las metrópolis hacia municipios más pequeños como lugar de residencia. La población extranjera en localidades de menos de 50.000 habitantes ha superado ya a la que suman las grandes ciudades de más de 100.000, según el último padrón del Instituto Nacional de Estadística (con datos de enero de 2009).

En los municipios de menos de 50.000 habitantes viven hoy 2.415.908 inmigrantes, el 42,77% del total nacional (hace cinco años eran 1.243.318, un 40,98%). Mientras que en las urbes de más de 100.000 habitantes se concentran 2.414.668 extranjeros, un 42,75% (en 2004 eran 1.364.018, el 44,95%).

Los principales motivos de esta progresiva mudanza son, según los expertos, el pinchazo del sector de la construcción que ha empujado al paro a decenas de miles de extranjeros que vivían en las ciudades y la diferencia del precio de la vivienda entre los grandes y los pequeños municipios.

La crisis de la construcción ha despertado el interés por el empleo rural

Los ejemplos más evidentes del cambio de preferencia son Madrid y Barcelona. Estas dos ciudades, que acapararon el desembarco de la inmigración a comienzos de la década pasada, aún acumulaban en 2004 el 19% del total de la población foránea en el país. Cinco años después eran el 15%, coincidiendo con el crecimiento del porcentaje de extranjeros en entornos rurales y ciudades dormitorio.

El Ayuntamiento de Barcelona calcula que el próximo padrón, con datos del 1 de enero de 2010, recogerá el primer descenso de la población foránea empadronada en la ciudad: unos 8.500 extranjeros menos que el año anterior.

Además de la crisis de trabajo en la construcción y el precio de la vivienda, el consistorio catalán añade otro factor para justificar el descenso del número de inmigrantes: la colaboración con los países de origen y de paso de la inmigración, que ha frenado la entrada de personas sin permiso de residencia en España.

Entre 2000 y 2006, el incremento de residentes de origen extranjero en Barcelona fue de 219.115, frente a los 26.398 del periodo 2006-2010, según las estadísticas municipales.

El aumento del paro en los dos últimos años también ha contribuido a ralentizar la llegada de extranjeros a Madrid. En la capital, el sector con más desempleados extranjeros es la construcción (33.929), seguido de servicios auxiliares a empresas (13.535), hostelería (9.154) y comercio (8.904).

En los pueblos, la vida es más barata, pero la integración resulta más difícil

Desde 2007, en la Comunidad de Madrid "el paro de la población extranjera ha aumentado 14 puntos [pasó del 8% al 22%, según la Encuesta de Población Activa del IV trimestre de 2009], frente a los 8 del total de la ciudadanía [del 6% al 14%]", apunta la responsable de Política Social de CCOO en Madrid, Ana González.

Más paro masculino

Por sexos, el paro afecta mucho más a los inmigrantes hombres (27%) que a las mujeres (16%), porque los sectores en los que trabajan ellos han sufrido un recorte mayor.

La sindicalista asegura que el giro de la inmigración hacia pequeños municipios está permitiendo "una mejora de su economía y de sus redes sociales". "Las ciudades son muy agresivas y hacen a los pobres mucho más pobres", opina.

En cualquier caso, no todos los grupos de extranjeros están abandonando las capitales por igual: "El cambio de residencia se produce especialmente entre los que llevan años viviendo en España", explica Cristina López, profesora de Sociología de la Universitat de Barcelona. Según la experta, los extranjeros simplemente han entrado en el mismo flujo que hace diez años protagonizaban los nacidos en España con su marcha hacia las ciudades dormitorio.

El 43% de los 5,6 millones de foráneos vive en pueblos y pequeñas urbes

En el campo, "la mayoría de los inmigrantes llegaron a los municipios para cubrir los puestos de trabajo que quedaban vacantes porque los españoles no los querían", explica García. "Hasta entonces, el pastoreo, la ganadería y la agricultura iban de capa caída", recuerda.

Aunque fuera de las metrópolis el coste de vida es inferior, Benjamín García, profesor de Ecología Humana y Población de la Universidad Complutense de Madrid, advierte de que los inmigrantes se enfrentan a nuevos problemas en sus nuevos destinos.

El catedrático pone el foco en la integración: "En una ciudad, el foráneo pasa más desa-percibido, pero en los pueblos tienen menos libertad para desarrollar su cultura y valores. Un español que haya nacido fuera del pueblo suele verse ya como el de fuera". Cuando la persona que llega habla otro idioma y tiene otra religión y cultura, "la dificultad es aún mayor y tiene que renunciar a parte de su cultura para integrarse", añade.

Enfrentamientos localizados

Desde que se desató el primer gran suceso racista en España hace diez años, en El Ejido (Almería), las polémicas y enfrentamientos entre vecinos e inmigrantes se han registrado en su mayoría en municipios pequeños y medianos. Este año, los dos sucesos más destacados han sido en Salt y Vic, ambos en Catalunya.

En Salt, los vecinos irrumpieron en el pleno del Ayuntamiento con pancartas reclamando más seguridad. En las calles, los episodios xenófobos se sucedieron durante una semana. En Vic, los problemas no los causó la ciudadanía sino la clase política. El consistorio negó el padrón a los inmigrantes sin papeles, hasta que el Gobierno central recordó que la práctica era ilegal y le instó a dar marcha atrás y registrarlos. No empadronarlos no sólo imposibilita su censo, sino que los deja fuera del sistema sanitario y educativo; ahonda más en su exclusión.

Arrantzales vascos nacidos en Senegal

Vizcaya. La pesca sobrevive gracias a los trabajadores inmigrantes

GUILLERMO MALAINA – Ondarroa – 20/03/2010 08:00

Acaban de descargar en Ondarroa las primeras anchoas pescadas tras cinco años de veda en el Golfo de Vizcaya. La faena aún continúa, mientras en el muelle se entremezclan con naturalidad conversaciones en euskera, gallego, español y wólof, la lengua más hablada en Senegal. Así es aquí.

Los inmigrantes africanos comenzaron a llegar a este municipio pesquero de Vizcaya para ocupar las vacantes en las embarcaciones que dejaban los jóvenes del lugar, más tentados por la comodidad y los mejores salarios de los trabajos que encontraban en tierra. El relevo se dio de forma natural y el número de inmigrantes africanos pronto creció, hasta formar una colectividad en torno a la Asociación de Senegaleses de Ondarroa.

El problema de los papeles

Después de varios años de integración, el efecto llamada aún funciona. Al borde del muelle, Essa, de 29 años, mira de un lado a otro en busca de alguien que le ofrezca un empleo. Cuenta que llegó hace tres años "en busca de una vida mejor" y que aún vive presa de la incertidumbre. "Si tienes papeles, te puedes embarcar, pero si no, es imposible. Por eso, no siempre puedo trabajar". Lo mismo le ocurre a Ousmane, de 40 años. Pide trabajo a quien se le acerca y si no lo hay, hace cualquier otra cosa. Llegó a Ondarroa hace dos años tras haber pasado antes tres en Las Palmas. Tiene la suerte de que uno de sus hermanos está embarcado en el Diana del Mar, un pesquero gallego que hace la campaña desde Ondarroa: "Mira qué bolsa me ha dado". Estaba llena de anchoas.

"Gracias a estos chavales de África hay gente suficiente para las tripulaciones en los pesqueros. Los jóvenes de aquí no quieren. Dicen que es muy duro". Quien habla es Paco Alarcón, un jubilado de 76 años. Como los senegaleses ahora, él también dejó su pueblo, Porto-Novo, en Galicia, hace más de 40 años, y formó parte de la oleada de inmigrantes que llegaron entonces a los puertos vascos: "Aquí se pagaba mejor. Además, antes no había trabajo en tierra y todo el mundo quería trabajar en la mar".

De la abogacía marroquí a la ganadería

Galicia. Licenciado en Derecho, Rachid cuida vacas en una villa de A Coruña

LORENA SEIJO – Santiago de Compostela – 20/03/2010 08:00

Rachid El Houdaigui, inmigrante marroquí de 41 años, nunca pensó que la necesidad y el destino lo llevarían a vivir en Boimorto, un pueblo de 2.300 habitantes de A Coruña. Allí consiguió empleo hace año y medio en una explotación de vacas, un trabajo duro que realiza de las 7.00 a las 12.00 horas, y de 16.00 a 21.00, seis días a la semana por 875 euros al mes. "Merece la pena porque ahorro y tengo casa para mí solo, aunque sé que los españoles ganan más por menos horas", dice.

Cuando llegó a España hace cuatro años optó por vivir en Santiago, pero ahora en la ciudad no hay trabajo. También buscó en Alicante, huyendo del frío y la lluvia, pero se lo gastaba todo en el alquiler de un piso compartido y en comida. Ahora vive en la granja, en una casa que le cedió su jefe.

El día que libra se va a Arzúa o a Santiago para airearse. Para Rachid lo más difícil es no tener con quién hablar de sus problemas o con quién tomarse algo, por eso cada vez gasta más en llamadas internacionales. Cuando tiene nostalgia escucha música árabe o se conecta a Internet, siempre en locales con wifi.

"Creen que nos dedicamos a vender hachís"

Lamenta que no haya más marroquíes en Galicia porque cree que así no lo mirarían con tanta desconfianza. "A veces me paran por la calle para preguntarme si vendo hachís, porque creen que todos nos dedicamos a eso", dice.

Le gustaría volver a Marruecos con dinero para montar un negocio. Su padre, al emigrar a Francia, consiguió que sus seis hijos estudiaran una carrera, pero a Rachid los estudios de Derecho no le sirvieron para conseguir trabajo. "En mi país lo importante es saber hacer cosas con las manos, los estudios no se valoran. No fue fácil asumir que no iba a ser abogado y que tenía que dedicarme a cuidar vacas, pero así son las cosas", reflexiona ahora.

De Galicia le gusta la tranquilidad y el espíritu trabajador de su gente, pero cree que es difícil ganarse su confianza. Los que mejor lo tratan son los emigrantes gallegos retornados: "Supongo que ellos saben lo que se siente al ser extranjero".

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