Un salvavidas para los extranjeros al salir del centro de menores


Un piso de acogida y un equipo de fútbol educan en valores a jóvenes inmigrantes

F. GÓNGORA | VITORIA (EL CORREO DE ÁLAVA)

La administración tiene la obligación de cuidar y amparar a los menores extranjeros no acompañados que llegan a España, una tarea que ha suministrado más de un disgusto a los gestores de la Diputación alavesa y que actualmente se concreta en 122 personas. Pero, ¿qué pasa con estos chicos cuando cumplen 18 años, el amparo institucional les deja, la vida sale a su encuentro con toda su crudeza y no hallan un trabajo?

«Ahí estamos nosotros», responde Filomena Abrantes, de la Asociación Afroamericana, la ONG que ha organizado un programa de atención específico para que este colectivo no pierda el rumbo. Este colectivo se dedica también a gestionar pisos de acogida de mujeres y de extranjeros en general y ejerce actividades de mediación entre los inmigrantes y las instituciones.

El núcleo del plan lo constituye un piso de acogida para jóvenes de 18 a 25 años en marcha desde 2007. Sus seis plazas siempre están ocupadas y hay quien espera mucho tiempo para entrar. En realidad, se queda pequeño para la demanda existente. Un monitor regula la convivencia y observa en todo momento el estado de salud y el equilibrio emocional de los inquilinos, que tienen gratis la manutención y el pago de la vivienda. A ellos les toca hacerse la comida y la cama, limpiar la casa, lavar y planchar la ropa. Son autónomos. Las únicas obligaciones están ligadas a la formación: castellano y cursos profesionales.

Mbaye es senegalés y tiene 24 años. Llegó hace dos años y medio a Canarias en una patera. Luego fue trasladado al País Vasco en función de los convenios entre el Ministerio del Interior y el Gobierno autonómico. Ha sido uno de los 40 ocupantes que ha pasado por el piso, transformado en una tabla de salvación para los momentos difíciles que ha vivido. Un lugar donde recobrar la dignidad como persona. Tiene una obsesión, trabajar. Pero las cosas se han complicado con la crisis.

Su familia, como la de los otros, está esperando su dinero en Senegal. En mucho casos, se han gastado sus ahorros para que el joven pueda llegar a Europa, aunque sea en patera. Para su tribu es una inversión de futuro. «Pero sin arraigo con el entorno, sin familia ni amigos es muy fácil caer en los tentáculos de la delincuencia. No tienen referentes de adultos en los que fijarse. Necesitan acompañamiento y protección. Son demasiado jóvenes y muy vulnerables.

Aparecen los amores, tienen prisa y poca paciencia cuando el trabajo no llega. Y algunos terminan en la marginación o en el robo, muy a pesar nuestro. Si tienes hambre, no tienes un lugar en el que dormir ni qué comer, es una salida para sobrevivir», describe Filomena.

Inicios anárquicos

La otra pata de este programa de acogida y acompañamiento es el fútbol 7, el equipo que formó hace un año y que constituye ya una fuente de alegrías para todos. El fin de semana pasado, el último día de competición, ganaron por 8 a 1 y quedaron en séptimo lugar -entre 15- en la copa de la Federación Alavesa. Pero aquí hay algo más que balompié y competición. Decía Albert Camus que todo lo que sabía «acerca de la moralidad y las obligaciones se lo debía al fútbol» y algo de eso se ha intentado con este proyecto.

El equipo se llama ‘Jaambar’ que en lengua wolof de Senegal significa «alguien con fuerza, con poder». Lo dirige Jacques, 38 años, un licenciado en Educación Física de Mali que en menos de un año ha transformado a un grupo de individuos impuntuales, indisciplinados y algo broncos en un equipo serio, competitivo, cohesionado, con un buen tono físico y sobrado de talento. «Al principio era la anarquía absoluta. No traían el equipamiento que nos regaló la Caja Vital, o no sabían llegar a los campos donde había que jugar o faltaban al entrenamiento y yo les tenía que castigar sin jugar», comenta Jacques, un hombre que domina cuatro idiomas y que sabe que tiene oro sin pulir entre sus manos.

«Hay 5 jugadores que podrían estar jugando en equipos de máximo nivel. Son muy buenos y el potencial es tremendo», defiende a sus jugadores, a los que ya otorga calificativos como puntuales, disciplinados, constantes y respetuosos.

«Nos han cargado de tarjetas amarillas por esa manera diferente de entender la entradas y las faltas. Pero ya no nos enfadamos. Acatamos que el árbitro es el que manda, aunque se equivoque».

Herramienta educativa

«El deporte es una herramienta educativa muy útil para la transmisión de valores como la solidaridad, el trabajo en equipo y la convivencia, y una oportunidad inigualable de interactuar con los lugareños en condiciones de igualdad. De aprender de ellos y de enseñar. Venían crecidos al principio, pensando que por haber jugado desde niños eran capaces de ganar a cualquiera. Incluso se apuntó uno de 50 años. Se equivocaron», recuerda Filomena Abrantes.

 

«Si nos fichan, subimos al Alavés»

En su primer año han conseguido objetivos sobre los que había muchos interrogantes y les gustaría dar el salto a la liga de 11. «La de 7 se nos queda pequeña porque tenemos muchos jugadores. Pero tenemos problema económicos. Hay que alquilar campos y viajar más. Estoy convencido de que tienen tanto potencial y ganas de progresar que haremos algo importante», indica Jacques.

Ousmane, el líbero, se ha roto el brazo en el campo de San Martín en un entrenamiento. Pero también viene a ver a sus compañeros. Jacques le invita a descansar porque está escayolado. «Los Astrónomos, la Vitoriana, Lakua…», recita. Son los campos de fútbol donde han jugado este año. Choca oír los nombres con acento africano. Pero de eso se trata. Su integración se juega en un campo de hierba. «El fútbol es una herramienta útil», indica Abrantes.

 

No todos los integrantes del equipo de fútbol son usuarios del piso de acogida, ni subsaharianos. Hay brasileños y un chileno, Gonzalo Cuevas, de 21 años, que ha jugado en la primera división de su país. Este ’10’, muy técnico en el manejo de la pelota, es de los pocos que tiene trabajo -en un bar- y confiesa que se encuentra muy a gusto.

«Son negros, lo digo sin ofender, pero tienen un gran espíritu de lucha. No juegan por jugar. Son muy competitivos y les gusta ganar siempre, como a mí», resalta Cuevas que se queja del «racismo» de algunos contrarios que utilizan el color de la piel para tratar de ofenderles en el campo de fútbol.

Decía Valdano que el fútbol es un estado de ánimo y el equipo desprende el entusiasmo de los que empiezan. Basta observarles un rato en un entrenamiento para percibir que es algo más que un simple equipo de fútbol 7. Mbaye llega a decir que «si nos dejan jugar, subimos al Alavés». Karin, (26 años, Mali), Ahmed (26, Marruecos), Elhadji (24, Senegal), Aly (Senegal), Ousmane (23, Senegal) acuden a San Martín fuera del calendario competitivo. No quieren perder la forma.

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